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Kids [Hazel]

Mensaje por Roxanne F. Bouchard el Mar Mar 04, 2014 10:35 am

Había dormido tan poco que tenía bolsas debajo de sus ojos pero, a pesar de eso, fue a trabajar. Los días en que se le juntaban ambos trabajos eran los peores. Siempre terminaba contracturada y cansada pero mientras con eso pudiera pagar las cuentas, no se quejaría. Por lo menos, aquel día le había tocado atender la caja y no pasearse entre las mesas sirviendo a la gente. No era que no le gustara hacerlo, en realidad le daba lo mismo, el problema era que había mucho quisquilloso suelto y no tenía ganas de andar lidiando con los caprichos de desconocidos. Ya suficiente tenía con los de Noel en casa. El momento de cerrar la caja fue absolutamente glorioso. Eran pocos los días en que no le tocaba el turno tarde y había tenido suerte de que fuera justo aquel. Lo único que quería era llegar a casa y dormir una siesta antes de que su madre comenzara a quejarse de que faltaba tal o cual cosa. Ya había guardado la chaqueta del uniforme en su locker cuando escuchó una voz extremadamente familiar. Abbie Hollinsworth se llamaba la mujer que acababa de gritar su nombre. Aunque, claro, ella le decía mamá. Que Noel no para de gritar, que me tiene cansada, que ya estoy muy grande para estas cosas, que es más mono cuando duerme, bla, bla, bla. Roxie había dejado de escucharla en el preciso instante en que prácticamente tiró al niño en sus brazos. Era cierto que estaba más molesto que de costumbre pero había un solo motivo: su abuela no le tenía paciencia.

¡Basta! Ya entendí. Ve a casa y descansa. —Y así era como, una vez más, tuvo que dejar su descanso para otro momento. Agradeció a dios y a la virgen cuando su santísima madre se marchó. Acurrucó a Noel contra su pecho y depositó un beso en su cabecita rubia. —Pero si eres un ángel—susurró, sin comprender cómo hacía Abbie para no poder mantenerlo tranquilo unas cuántas horas. No hacían falta tantas cosas para que fuera feliz. Pero suponía que era cierto que ya estaba muy grande para lidiar con cosas así. A ella no la había tenido de joven, precisamente, y ya había perdido la práctica en aquello de cuidar niños.

Dejó por un momento a Noel sobre un mostrador mientras ella buscaba el abrigo y la mochila. Una vez listos, salieron al frío Londres. Por más que quisiera profundamente volver a casa, sabía que el humor de su madre no estaba de lo mejor. Para ser sinceros, no tenía ganas de soportarla ni de servirla. Rox la quería mucho pero desde que había nacido Noel, se había proclamado vieja y no había querido mover nunca más un dedo. Ella podía no darse cuenta, pero era una carga para su hija. Una carga pesada. Bueno, la casa estaba descartada así que les tocaría el parque y, como ir allí sin compañía era algo triste, le mandó un mensaje a Hazel para que fuera con Lee. Era agradable tener una amiga con un niño de la misma edad que el suyo. Incluso le gustaría que dentro de unos años pudieran mandarlos a la misma escuela o al mismo deporte. Así los dos podrían decir que tenían un «amigo de toda la vida». Lo bueno de la cafetería en la que trabajaba era que quedaba cerca de Hyde Park, así que en unos minutos llegó y se sentó en una banca cerca de los juegos. — ¿Quién va a jugar mucho hoy?—le preguntó al niño con esa sonrisa boba que no tardaba en aparecer en su rostro cuando lo miraba. Su madre podía quejarse todo lo que quisiera pero ese niño, ese niño era perfecto.
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Roxanne F. Bouchard


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