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I can be your leprechaun · Pivado

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I can be your leprechaun · Pivado

Mensaje por Penny L. Trautner el Jue Feb 27, 2014 7:14 pm

Una isla. Estaba en una isla. Sí, una isla. ¡Pero es que no parece una isla! La alemana que estaba acostumbrada a vivir siempre pegada a la masa continental encontraba muy graciosa la idea de no estar más en suelo fijo. Bueno, sí, estaba en suelo bastante quieto pero si se ponía a correr como si no hubiera mañana -considerando que pudiera hacerlo- lo único que encontraría a su alrededor sería agua. Agua. Agua. Más agua. Otra cosa que le parecía curiosa, aunque no por lo mismo le agradaba del todo, era el clima. Londres con los ojos empañados todo el tiempo, ¡Dios era grande cuando les regalaba un rayo limpio, puro y cálido de sol! Y eso que sólo llevaba ahí a lo mucho una semana, seis o siete días, Penny no estaba del todo segura porque no contaba los días a menos que tuviera que asegurarse del día en que el cuerpo le avisaría su no-maternidad.

La sangre germana corría por sus venas a lo mejor por eso no se había enfermado o se le había complicado adaptarse. Roma se extrañaba por su noches bochornosas y pretextos para no usar ropa, incluso en sus calles estaba la invitación de ir medio desnuda aunque el Papá pudiera verte. En Inglaterra era distinto, era mucho menos cálido y aunque la rubia aún disfrutaba de mostrar sus largas piernas por debajo de los shorts se pensaba dos veces el coger un suéter o no. ¡Qué no le gustan los hospitales y no va a visitar uno por un simple resfriado!

Jake no estaba, había salido a ver a un cliente, a comprar nuevo paquete de cigarrillos o simplemente a tomar el aire, Penny no estaba muy segura porque desde su llegada lo había notado más vago que de costumbre. A veces sólo le decía que salía y, ella con su buena costumbre de no hacerle muchas preguntas, sólo le despedía con alguna frase al estilo “ve con cuidado” y un beso. ¿Qué se le hace? Tampoco era que supiera muy bien cómo lanzar lo que molestaba en la cabeza y todo el mundo ya sabe lo que pasa cuando Trautner abre la boca de más.

El piso no era algo del otro mundo, lo suficientemente amplio para que pudieran vivir dos personas y desgreñarse con todo el espacio necesario. Habían decidido rentarlo porque… no tenía ni idea, Penny sólo recordaba que le había gustado pero desde que comenzó a vivir con K se había desentendido totalmente de las tareas inmobiliarias, después de todo, cualquier lugar era mucho mejor que el orfanato eso seguro y Jake tenía sus manías en cuanto al espacio. Que si un lugar para montar el escritorio con sus mil cachivaches electrónicos, que si la estancia no era lo suficientemente grande para poner toda su colección de películas… y otros cuantos requisitos que la rubia le había ido cachando con los meses, ¿o eran años?

El espejo del baño le devolvía su reflejo, los brazos torcidos hacia la espalda y el gesto concentrado denotaban el esfuerzo que estaba empleando para terminar de cerrarse esa condenada prenda. Maldijo al encargado por tener un ojo bastante vivo pero poco asertivo. Si sabes hacer algo bien, no dejes de hacerlo. Eso dicen las malas lenguas. Si bien K tenía unos cuantos trabajos en puerta que los sacarían de apuros durante su primer mes en Inglaterra, la rubia no estaba acostumbrada a quedarse de brazos cruzados, caminando por las calles anglosajonas se topó con un bar temático. Cervezas de todo el mundo, rezaba a la entrada del lugar y -justo como se espera de un lugar de aquellos- los camareros y demás personal se vestía según el país que estuvieran celebrando.

Fue obra del destino o quizás porque estaban buscando camareras (una racha de mujeres preñadas había dejado al lugar sin sus chicas estilo Hooters de revista) pero a la rubia le bastó decir que era alemana y tenía experiencia para que le contrataran. Quizás también fue por el famoso Oktober Fest o que las alemanas son más guapas que las británicas, quién sabe. El código de vestimenta era sencillo, entre semana podía usar lo que le diera en gana en tanto usara el accesorio en turno (Penny suponía que en Navidad le darían un gorrito de Santa) pero el viernes y sábado tenía que ponerse la indumentaria completa. De ahí que estuviera luchando con el maldito corset del traje de irlandesa que correspondía a ese mes. Terminó soltando una que otra palabrota en alemán.


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Re: I can be your leprechaun · Pivado

Mensaje por Jake Scott el Mar Mar 04, 2014 11:45 am

Home.

A veces, estar de vuelta no significa nada. Principalmente porque al regresar pensaba que volvería a formar parte de ese todo que implica el hecho. Pero no. Y aquí estoy, sentado en una azotea de Londres, porque no he tenido el valor de quedarme en Manchester. Te impulsa esa sensación de querer estar, de tener que estar porque tu familia está en peligro, o en la cuerda floja. Y llenas las maletas creyendo que bastará eso, volver. Las llenas con ropa, con sueños, con ganas de gustar, con palabras por decir, con papeles, con disculpas, con excusas, con el cepillo de dientes.

Con ilusiones. Sí, ilusiones.

Pero lo que te encuentras es frialdad. Es ese aire enrarecido, todavía más gris que el del tul grisáceo que cumbre la isla de esa forma sempiterna. Te encuentras a tu madre, y no puede decir nada, porque está intubada y en un coma inducido. Te encuentras a tu padre, que te dirige la palabra lo justo y necesario, porque él siempre había sido un hombre muy familiar, y por mucho que me odiara en ese momento, no iba a negarme la información sobre mi madre. El cielo de Londres quería llorar conmigo, pero ninguno habíamos roto a ello todavía. Mi cuerpo permanecía acorralado en una esquina, junto a ese botellín verde de cerveza, apenas empezado. Con mis dedos sosteniendo el cigarrillo, o lo que quedaba de él.

Era un hombre, y me sentía un niño. Sentía que los últimos años había estado soñando, y que había despertado de la peor manera posible. La sensación era la de tener una pesadilla y querer ir a los brazos de tu madre, con la diferencia de que ya no podría nunca más. Varios años en Berlín, en Roma... daba igual dónde, el caso es que no era allí, con ellos. Siempre me había considerado una de esas almas libres, que saben que lo que hacen lo hacen pensando en que hay que buscar siempre el camino propio, en el individualismo. Es un rasgo característico de la gente como yo, el lamentarse cuando ya no sirve para nada.

Me levanté, intentando sostenerme a mí mismo, con ganas, con la energía de cualquier otra persona a quién le importas, y no quiere verte así. Y de verdad lo intenté, pero solo me salió levantarme, sin más. Dejé la cerveza allí, casi sin darme cuenta, y el cigarrillo simplemente voló azotea abajo. Tenía que sacarme las ideas derrotistas de la cabeza, tratar de meter el presente, y ayudar a éste a limpiar el pasado.

El piso olía a ella, y yo no podía sino agradecerlo, a pesar de que era consciente de que no había sido atento con ella. No, muchas veces pensaba que le debía muchas cosas que no le demostraba del todo, que se llevaba mi peor parte cuando solo merecía la mejor. Supongo que no estaba llevando la situación bien, como casi nada nunca, ¿verdad? Dejé las llaves en aquel iman que había junto a la puerta, colgado de la pared. Siempre me había hecho gracia. Asomé la cabeza al salón esperando que la suya brotara de algún otro lado. Tomé aire, al menos me concedí ese segundo para abordar un intento de pasar un día normal, sin mi cara larga, o mi cabeza en otro lado que no fuera el suyo.

- ¿Lily Penn? -alcé la voz, para que me oyera. Gato sí apareció, junto a la encimera de la cocina, ladeando la cabeza para mirarme.- ...me preguntaba si era muy descabellado pasarnos la tarde comiendo pizza y el uno al otro.


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Todo por que no te vayas

Mensaje por Penny L. Trautner el Jue Mar 06, 2014 3:22 am

El tiempo le parecía eterno mientras contemplaba su reflejo, se retorcía y maldecía al jodido vestuario. Al inicio le había dado mucha gracia el tener que vestir de esa forma para ir al trabajo, era como el Carnaval de las cervezas que no esperaba por el inicio de la Cuaresma para comenzar a festejar. ¡Ellos mismos hacían la fiesta mes con mes! La idea era exquisita al menos vista desde afuera, la incomodidad que tendría que pasar para complacer las exigencias del mercado se le había pasado por alto.

La rubia hubiera seguido en su burbuja de frustraciones de no haber llegado esa voz tan conocida a pincharla. Se olvidó de lo que estaba haciendo para salir al encuentro de Jake, hubiera llegado antes a la sala de no ser porque se tropezó con los pantalones que había dejado en el suelo y casi se rompe la frente con el filo de la taza de baño. Al menos estaba vez no había sido culpa de Gato porque en algunas de esas carreras para ver quién recibía primero al informático habían estado a punto de matarse mutuamente.

-¡Jacob!-. Le gritó cuando lo alcanzo a ver, incluso olvidó la punzante rodilla cuando saltó literalmente sobre de él. Se colgó de su cuello y le plantó un beso sobre los labios, sabía a tabaco. Penny se había acostumbrado a tener que compartir la boca de K con ese vicio legal pero había días, como este, en el que le daba la sensación de que el cigarrillo le iba ganando la batalla. Primero Gato y ahora el cigarro, ¿desde cuándo tenía todas las de perder?

Aflojó los brazos un poco para no ahorcarlo. -¿Desde cuándo es descabellado comer pizza tirados en la cama?-. Le preguntó con media sonrisa pintada en los labios como si la la mitad faltante se sincronizara con el decaído estado de ánimo de su novio. Aunque la alemana tuviera una personalidad suficientemente vivaracha para los dos, no podía cargar ella sola con la negrura que se había apoderado de esos días. Era como si Inglaterra se empeñara en meterles la neblina hasta por el cabello y no le gustaba.  Sería una idiotez asegurar que entendía por lo que estaba pasando Jake, se comía la cabeza por no actuar como una niñata y ser empática con él pero detestaba el cómo se habían transformado las cosas, el despertarse y no encontrarlo en la cama pro un sin fin de motivos, el no saber a dónde iba cuando salía, el… muchas cosas. Joder, Penny necesitaba atención, vivía por y para ella por lo que cualquier disminución le afectaba aunque su sonrisa diejra todo lo contrario. No, no iba a desaprovechar una oportunidad como esa.

Gato maulló desde su posición, la rubia le lanzó una mirada fulminante porque Jake era suyo ese día y no permitiría que ni el peludo amigo se interpusiera entre ellos. Tomó al informático del brazo y lo llevó con ella más al interior del piso como si temiera que se fuera a escapar si lo dejaba en la puerta. -Conseguí un empleo-. Comentó señalándole el traje verde que aún colgaba flojo de sus hombros al no poder abrocharlo. Hablaba de ella no por egoísmo en esta ocasión sino con la intensión de distraerlo de todo lo que pasaba por su cabeza.


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Re: I can be your leprechaun · Pivado

Mensaje por Jake Scott el Vie Mar 14, 2014 11:43 am

Su voz de niña me alejaba de la realidad, me arrancaba de ella, literalmente. Sonreí, a pesar de todas las cosas, sonreí. La sujeté por la cintura en aquel salto digno de unas olimpiadas, y sus labios sabían a sueños, todavía. Le robé otro beso después de que dijera mi nombre y antes de que siguiera hablándome. Por un momento, pude permitirme el inesperado lujo de regresar a alemania, cuando solo mandaban las sábanas entre nosotros. Esto, que debía ser más sencillo, por una razón que se me escapaba, era más complicado.

- Cierto. Debe ser Londres, que hace que evite la comida americana a toda costa. -bromeé y la dejé en el suelo. Era preciosa, y cada día parecía más joven y guapa, aún cuando aquello era empíricamente imposible.- ¿Llamas tú y eliges? Así estarás conforme, que siempre te quejas. -la besé en la frente y la abracé, acunándola contra mi pecho.

Cerré aquel abrazo, y quise quedarme en Berlín, pero poco a poco volvía, como ese niño al que sacan de la tienda, a pesar de que él quiere seguir jugando. Daba igual, me había propuesto pasar el día tranquilamente, en desconectar unas horas, y eso es lo que iba a hacer. Pasé las manos por su cintura, como si nunca hubiera sentido su piel, recreándome. Después simplemente la solté, dejándome caer en el sofá. Parecía que llevaba días sin dormir, cuando la sensación real debería ser diferente, pues dormía más de lo normal. Gato dijo algo en su idioma que hizo que levantara la cabeza, como si en realidad quisiera entenderle.
Mi tiempo en el sofá no duró mucho, pronto Penny me secuestró hacia el interior del piso, que aún estaba a medio decorar, quedaban cajas sin abrir y otras vacías en mitad del pasillo, lo que hacían la vida algo molesta. Al parecer, sin embargo, parecía menos engorroso sortearlas que quitarlas de una vez por todas. Somos la generación perdida. O Penny lo era, ¿no? Ya tenía justificación.

- ¿Sí? -eso me animó de verdad.- Vaya, es una gran noticia. -sonreí ampliamente y volví a besarla.- ¿Y de qué? Dime que vamos a coincidir a nivel horarios, porque sino tendré que pegarme un tiro en la boca aquí mismo. -hice una mueca.- Y de paso pintaríamos la pared... lo cual hace que la opción coja fuerza. -bromeé, cogiendo el traje con la mano. Para verlo mejor y ver mejor también la figura de ella, que, con todo, estaba empezando a olvidar.

¿Llevábamos tanto tiempo sin sexo o solo me lo parecía?


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Pizza

Mensaje por Penny L. Trautner el Miér Mar 19, 2014 4:39 pm

A la rubia se le cortó el aliento un momento, sí ese momento en el que Jake la besó en la frente y la abrazó contra su pecho. Jamás terminaría por acostumbrarse a ese particular tipo de gestos, podía esperar de todo, rudeza pasada de la cuenta o locura desenfrenada pero la ternura y suavidad era algo que se le escapaban por completo, mucho más cuando se sentía tan… protegida. Romper los patrones antiguos es complicado por no decir imposible y Penny jamás había tenido una sensación de seguridad fuera de ella misma. Le devolvió el abrazo con más fuerza de la que era consciente, la alemana se daba cuenta de la influencia que tenía el informático sobre ella y aún así no podía hacer nada para contrarrestarlo, tampoco era que lo deseara mucho pero a veces le asustaba la dependencia que sentía hacia él, por muy pocas veces que se percatara de ellos con sus cinco sentidos.

La sonrisa de Jacob le derritió todo pensamiento, si en medio de todo podía sacarle una sonrisa las cosas no iban tan mal. O a lo mejor sí lo iban y se inventaban una burbuja impenetrable cuando estaban juntos. No le importaba mucho, Penny quería saber que no había nada malo con ella por el simple hecho de que el recuerdo de su novio le ocupara el 190% de su tiempo. De alguna forma buscaba saber que a él también le sucedía lo mismo, nunca le había preguntado y tampoco tenía planeado hacerlo, malas manías de nuevo pero preguntarle a Jake siempre había terminado en mal puerto. Ya no quería volver a tocar un mal puerto nunca más.

-Es un bar temático con cervezas de todo el mundo-. Le explicó mientras él examinaba a detalle la extraña prenda verdosa que olía a recién lavado. Penny podría ser pobre pero no era sucia, podría ser desordenada pero no era sucia, podría ser muchas cosas pero no sucia. Y no, definitivamente no se iba a poner algo que otra ya había usado antes de lavarlo aunque fuera en un balde plástico. -¿Puedes adivinar de qué toca este mes?-. Preguntó levantando ambas cejas mientras intentaba imitar con la boca el sonido de las monedas al chocar unas con otras. ”Clin. Clin. Clin”. Los enanitos verdes tenías calderos con dinero, ¿no? Ni tanto tiempo a lado de K la había preparado para enfrentar a tantas personas hablando inglés por lo que había entendido la mitad de lo que el jefe le había dicho sobre las leyendas correspondientes a los irlandeses. Igual lo iba a olvidar a los dos segundos. -Ya sabes cómo es esto, es por las noches así que al menos nos toparemos por la mañana-. Se encogió ligeramente de hombros sacándose el traje verde para aventarlo sobre la pila de la ropa sucia. Estaba enfadada con él por no cerrarle y por ese día ya tenía suficiente de lidiar con él.

Rebuscó en los bolsillos de K el móvil del británico para pedir de comer. -Ni se te ocurra meterte un arma a la boca-. Lo amenazó señalándolo con el dedo índice aún muy cerca de él. -Lo único que va a entrar en tu boca el día de hoy es mi lengua y la pizza, y da gracias que te dejaré la pizza-. Añadió antes de plantarle un beso que le haría olvidar las ganas de meteré cualquier otra cosa entre los labios. Una vez se separó de él se tumbó en interiores sobre la cama y comenzó a toquetear la pantalla del móvil en busca del número de la pizzería. Para su mala fortuna le contestó un empleado que no podía reconocer el alemán bien pronunciado. -Pues ya está-. Anunció en cuanto colgó el teléfono. -O nos traen un flammkuchen o una de peperoni, que era un idiota-. No, si por Penny fuera no le daban propina ni aunque entregara la pizza a la mitad de una tormenta de nieve.


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Re: I can be your leprechaun · Pivado

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