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Silence - Ilse

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Silence - Ilse

Mensaje por Tucker A. Klebold el Jue Feb 27, 2014 11:55 am

Silence
La mano enguantada de Tucker se aferró a las rejas del portón, mientras el chico pegaba la frente a éstas para poder echarle un vistazo al cementerio desde el exterior. El color naranja iba y venía de un lado al otro por culpa de las hojas que barría el viento helado, pero el muchacho se encontraba completamente ajeno al clima gracias a la gruesa chaqueta verde militar, la bufanda que le cubría la nariz y el gorro de fina lana. Su padre había hecho algún comentario burlón sobre su apariencia antes de que dejase la casa, pero el chico, apresurado, ni se tomó la molestia de responder algo completamente desdeñoso para que no le toque las pelotas; solamente fue capaz de oír cómo le gritaban que no llegue tarde para la cena y eso fue todo. Tucker tenía cosas en mente mucho más interesantes que un poco de pasta en su estómago.

No estaba de acuerdo con la idea de Ilse de andar hurgando en el cementerio, más no por miedo, sino porque en su cabeza no le encontraba una verdadera lógica a andar buscando pistas en un sitio donde las personas ya habían sido asesinadas y no quedaba de ellas más que unos penosos restos. Pero era Ilse, y eso significaba que Tucker no se habría negado ni aunque le hubiese pedido ir a inspeccionar a las alcantarillas o al mismísimo Congo Belga. ¿Cómo podría decirle que no a alguien como ella? En la cabeza del moreno no entraba la idea siquiera de rechazar la oportunidad de pasar un rato con aquella mujer que, en su momento, había sido la culpable de que pasase horas asomado por la ventana para alcanzar a ver al menos su cabeza. Nunca le diría la cantidad de canciones que escondía debajo de su cama ni las muchas maldiciones que había mascullado al verla de la mano con el que, en su momento, era su marido. No podía arriesgarse a arruinar una amistad (una de las pocas que de verdad tenía) por un simple y caprichoso recuerdo de infancia.

Con un movimiento rápido se quitó la mochila de los hombros y la apoyó sobre la vereda, de modo que se inclinó y comenzó a revolver en su interior, apartando su pequeño portátil, la billetera y el abrigo extra, hasta que encontró el teléfono celular que se había hundido hasta el fondo. El reloj en la pantalla informaba que Ilse estaba demorada al menos quince minutos, de modo que el chico lanzó un bufido y giró la cabeza, intentando ver alguna señal de la cabellera rojiza, pero no vio nada. Decidió que entonces comenzaría sin ella.

Al colgarse otra vez la mochila, empujó el portón del cementerio, el cual chirrió con un sonido oxidado que le sonó a viejo y gastado. Sus pasos apenas se escuchaban sobre el camino, iluminado por el color naranja de los rayos del sol que decoraba la copa de los lejanos árboles, mientras él mascaba chicle una y otra vez. Metió las manos en los bolsillos de la chaqueta y le propinó una suave patadita a una piedra que se topó en su camino, pero entonces oyó una vez más el portón y se volvió rápidamente. A unos cuantos metros, justo en la entrada, pudo ver a la figura inconfundible de Ilse. No lo dudó un segundo. Sonrió – creí que ibas a abandonarme en éste lugar para que me encuentren muerto por la mañana – comentó a modo de broma, haciéndole una mueca torcida – pero la verdad, es que sería un lugar poco original para un crimen maestro. Hasta me decepcionaría de ti. Tendría muchas fallas.

O eso creía. Nunca se había decepcionado realmente de ella.  
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Re: Silence - Ilse

Mensaje por Ilse I. Aberdeen el Vie Feb 28, 2014 5:04 am

Silence
Oh vamos, esto no puede estar pasándome a mí.  Ilse miró el reloj de su móvil, llegaba diez minutos tarde, y todo por culpa del maldito metro. Odiaba el metro, odiaba la impuntualidad. Cogió aire y cerró los ojos durante unos minutos. Los brillantes ojos cristalinos de Tuck y su sonrisa bondadosa volaron hacia su mente. Al menos todo aquello merecía la pena si iba a pasar la tarde con él. Cogió su bolso y decidió bajarse dos paradas antes, esquivó a varios niños gritones y a dos abuelos que miraban un escaparate obnubilados y correteó hacia la salida del metro todo lo rápido que le permitieron sus cortas piernas.

Llevaba varios días obsesionada con hacer una visita al cementerio de Whitechapel. Su intuición le decía que aquel pequeño cementerio perdido entre la maleza podía ocultar muchas cosas, cosas que los ojos humanos quizás no eran capaces de ver, secretos y rastros que solo las personas sensitivas podrían conocer. Había llamado a Tuck aquella tarde y la decisión se había tomado en menos de dos minutos. "Por favor, por favor, sabes que no puedo ir con nadie más", y la magia se había producido. Sonrió para sí, siempre era tan fácil con él. Podías decirle que se vistiese de Hot Dog y estuviese dos horas en la esquina de Commercial Street vigilando a un tio con actitud sospechosa, y lo haría.

Ilse observó las hojas bajo sus pies mientras caminaba. El sonido que producían sus botas al pisarlas la tranquilizaba. Desde que era pequeña había experimentando una cierta fascinación por los cementerios antiguos y todo lo que se había quedado encerrado para siempre en ellos. A menudo, paseaba por entre las tumbas y se entretenía leyendo los nombres grabados en las lápidas e imaginando una historia para toda aquella gente que había acabado su vida allí. ¿Cuántas ilusiones, cuántos sueños, cuántas historias de amor desdichadas estaban enterradas en aquel lugar?.

Sonrió al ver a su amigo a lo lejos y trató de abrir la verja con todo el cuidado que le fue posible. Caminaría sin que le escuchase y le daría un susto de muerte. No pudo dar dos pasos sin que Tuck se girase y le dedicase una de sus mágicas sonrisas.
La pelirroja puso los ojos en blanco y caminó hacia él. —Ese era mi plan, pero he ido a parar con el chico más condenadamente listo del planeta. Tonta de mí. —Exclamó, mientras chasqueaba la lengua y le quitaba el gorro de lana que llevaba puesto para sacudirle el pelo, como siempre hacía. No le devolvió el gorro, se lo puso en su cabeza y echó a caminar por entre los estrechos senderos llenos de ramas y piedrecillas con las que podías tropezar y partirte la crisma.

Si estoy en lo cierto, el nuevo Jack ha tenido que dejar algún tipo de señal por algún sitio. —Comentó, sin deternese a mirar si quiera si su amigo la seguía. —Lo que querrá decir que pienso como el asesino. Entonces tendrías razones para temerme. —Concluyó, girándose unos segundos para dedicarle una sonrisa enigmática al moreno.

Sus pasos la guiaron como un autómata hacia el lugar al que se dirigía: La tumba de la primera mujer asesinada por el verdadero Jack el Destripador, Mary Ann Nichols. Ilse contuvo la respiración durante unos instantes y extendió un brazo en horizontal para que Tuck no se siguiese acercando. Postrada a los pies de la tumba, una rosa del  vívido color de la sangre descansaba sobre la tierra removida y oscura. Vida.


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Re: Silence - Ilse

Mensaje por Tucker A. Klebold el Lun Mar 03, 2014 4:08 pm

Silence


A Tucker lo habían llamado”listo”, “inteligente,”nerd” y cientos de otras palabras similares un centenar de veces, pero nunca sonaba tan bien como cuando venía de la boca de Ilse Aberdeen. Probablemente fuese solo un reflejo de los recuerdos que se habían atorado luego de años de haber soñado con la chica que tenía enfrente, pero le fue imposible no hinchar su pecho de orgullo y mostrarse demasiado satisfecho de sí mismo, sin siquiera inmutarse porque ella le quitase el gorrito, que acabó en su colorada cabeza – bueno, tu primer error sería el citarme, teniendo en cuenta que mis padres saben dónde me encuentro y con quien – señaló en un fingido tono sabiondo, manteniendo el aire bromista – y ya luego hay otros cientos de detalles, pero da mucha flojera el ponerme a enumerar a todos, además de que seguro ya sabes cuales son – se aplastó el cabello que Ilse se preocupó en despeinar, aunque no tuvo un buen resultado; el cabello de Tucker por lo general se iba por todos lados cuando lo dejaba crecer, lo que provocaba que su padre dijese todo el tiempo que parecía un vagabundo y que su madre lo persiguiese por toda la casa con las tijeras. De todas formas, muy pocas veces lograba atraparlo y salirse con la suya.

Siguió a la muchacha, haciendo crujir algunas ramillas que se partieron bajo el peso de sus gastadas zapatillas, sujetando por mera inercia las correas de su mochila y sin levantar la vista del suelo, al cual observaba con la sola intención de no caerse de boca (cosa que, lamentablemente, era muy común en su vida diaria). Lanzó un chistido burlón y sobrador para la joven, volteando la cabeza un momento para chequear que nadie iba detrás de ellos ni escuchaba sus palabras, para luego contestarle; no le gustaba que la gente ande oyendo sus teorías o sospechas, y mucho menos teniendo en cuenta que muchas personas lo habían tratado de chiflado o morboso - ¿Temerte? ¿A ti? Me estás jodiendo, ¿no? – se permitió decir – No serías capaz de lastimar ni a una mosca, Ilse. Eres pura cháchara y nada de acción – para ponerse en vergüenza a sí mismo, tropezó con una pequeña tumba en la cual no había percatado y dio un salto en si sitio, logrando un estruendo seco con sus pies y las hojas muertas. A veces, para alguien como Tucker era demasiado sencillo ponerse en ridículo.

Gruñó y masculló alguna que otra puteada mientras arrastraba un pie para quitarse el poco barro que se había pegado a su suela, cuando se vio obligado a detenerse al chocar con el brazo extendido de Ilse. Se llevó una mano al pecho para frotarse allí donde había sido el “impacto” y la pregunta que pensaba formular murió en sus labios entreabiertos en cuanto fue capaz de seguir la mirada de su amiga. Casi como si fuese necesario para aplastar el ambiente, una brisa suave barrió el suelo y consiguió que Tucker parpadease para quitarse un poco de polvo de los ojos, privándolo del espectáculo unos segundos - ¿Crees que…? – no pudo contenerse. El muchacho apartó suavemente a la chica del camino y se puso de cuclillas, quitándose el guante de su mano derecha para meterlo dentro de su bolsillo y así poder tomar la rosa. Sus dedos notaron la humedad en el tallo, que se aplastó solamente un poco ante la presión de sus yemas, y luego se llevó la flor a la nariz para olfatearla - ¿cuándo fue la última vez que llovió? – preguntó, pasándole la flor – está mojada y viva. Si no llovió… - arrugó el ceño, intentando recordarlo, pero al percatarse de que no tenía registro de eso se convenció de que hacía días que no caían chaparrones – significa que no ha estado aquí mucho. Un día. Tal vez dos… - tocó la tierra removida, hundiendo los dedos en ella, hasta que con un chasquido de la lengua se quedó observando el suelo – esto no ha llegado a asentarse. ¿Qué opinas? Bien podría ser obra de un fanático, o alguien que quiere gastar una broma, o tal vez… - se giró para dedicarle una mirada significativa. También le fue imposible ocultar la emoción en su rostro, expresada con claridad en sus orbes brillantes y cargados de entusiasmo. Tucker amaba las aventuras; cuanto más extrañas, mejor.
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Re: Silence - Ilse

Mensaje por Ilse I. Aberdeen el Jue Mar 06, 2014 2:38 am

Silence
Ilse observó con atención cómo su amigo, ajeno a su advertencia, recortaba los pocos metros que los separaban de la tumba. Tardó un poco en reaccionar pero finalmente obligó a sus piernas a moverse y caminar hacia donde estaba Tuck. Observó la rosa con mirada crítica durante unos segundos antes de que el moreno se decidiese a cogerla.
Espero que no hayas borrado ninguna huella dactilar. —Exclamó, alzando las cejas y acercándose a su amigo para poder ver más de cerca aquella flor. —Aunque pensándolo bien, nunca le pondría a Scotland Yard las cosas tan fáciles. —Finalizó, dejando escapar una sonrisa de suficiencia.

En realidad, eran ellos los únicos que ponían las cosas difíciles. Los ciudadanos necesitaban respuestas y nadie se las estaba dando, era el trabajo de Ilse meter las narices allá donde pudiese y sacar a la luz todos los secretos de aquel caso, por su bien, y por el de todos. Su jefe confiaba en ella, sabía que la pasión por lo que hacía y la curiosidad que la movía era tan grande que nada ni nadie podría pararla, ni siquiera Scotland Yard, ni siquiera el recuerdo de aquel calabazo en el que había pasado ya unas cuantas noches solo por husmear donde no debía.

Se quedó perdida durante unos instantes en la mirada cristalina de Tucker antes de ser capaz de contestar a sus preguntas.
Nueve de cada diez días llueve en Londres, Tuck, ni que estuvieses encerrado todo el día en casa. —Contestó, mientras se metía las manos congeladas en los bolsillos del abrigo. —Las rosas se marchitan después de 2 o 3 días aunque por la humedad del ambiente podrían durar más. —Contestó, fijando su mirada de nuevo en la rosa. Su color era tan fuerte  y todo en ella parecía tan vivo que Ilse dudaba que llevase allí más de medío día.

Se giró despacio mientras escuchaba la siguiente pregunta de Tuck, sentía unos ojos clavados en su espalda, alguien observando a lo lejos, pero la maleza le impidió ver más allá. ¿Seguiría allí el nuevo Destripador?, ¿habría dejado aquella pista allí deliberadamente?, y si lo había hecho, ¿para qué?. Giró de nuevo para enfrentarse a la mirada de su amigo y se encogió levemente de hombros.
Puede haber millones de teorías y solo con esto no podemos ir más allá. Hay que pensar como el asesino. —Aclaró, mirando la tumba de refilón. —Quizás quiera que nadie olvide los asesinatos de 1888, por eso ha empezado a matar a chicas y viene a dejar rosas a las antiguas víctimas, para que no sean olvidadas. —Hizo una pausa antes de continuar. El silencio de los muertos hizo que un escalofrío le recorriese la espalda. —O quizás esté jugando con nosotros. Al gato y al ratón. —Sentenció, volviendo a girar sobre si misma en busca de algún signo que le indicase con más claridad que no estaban solos.

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Re: Silence - Ilse

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