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Stormy weather [Isaac R. Windsor]

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Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Roxanne F. Bouchard el Mar Feb 25, 2014 9:49 am

Ese era el primer día libre que tenía en mucho tiempo y, como la suerte siempre estaba de su lado, llovía a cántaros. Ni bien se despertó —temprano como de costumbre—, tuvo que empezar a repartir recipientes por toda la casa para que no se le empapara a causa de las goteras. Por un lado, era bueno que la casa fuera tan pequeña, así no tenía que usar todos los tuppers y ollas. Pero por el otro, esas goteras eran un asco. La humedad se empezaba a notar en la paredes que con tanto cuidado había pintado durante el verano y el piso estaba mojado las veinticuatro horas del día. Fuera como fuera, era la casa que tenía y por eso debía cuidarla lo mejor posible. No quería que Noel y su mamá vivieran en un chiquero. Pero, ah, ya estaba cansada de limpiar y ordenar. Se suponía que era su día libre, que no tenía que ir a ninguno de sus dos trabajos y, al final, había terminado trabajando el triple. Sin embargo, quejarse no le servía de nada. Con un poco de suerte, terminaría relativamente temprano y podría llamar a Ike para visitarlo. Tenía que cerciorarse de que comiera como dios mandaba y no cualquier cosa que se le pusiera en frente.

Casi por obra de un milagro, a las siete terminó de limpiar, fregar y ordenar. ¡Incluso pudo bañarse! Era casi un récord. Como su madre ya estaba poniéndose vieja, Roxanne tuvo que salir a hacer las compras. La heladera estaba completamente vacía y tenía que preparar algo para ella antes de las ocho si quería que se fuera a dormir sin refunfuñar. De camino al supermercado, marcó el número de Isaac. — ¿Estás bien?—fue lo primero que preguntó al oír su voz. Algo le había pasado, estaba segura. Cómo no, él se lo negó pero todo aquello eran tan Ike que era imposible creerle. ¿Quién lo mandaba a hacerse policía? Cada dos por tres lo tenía lastimado. —Pon la mesa que en un rato voy a cenar—le hizo saber y, antes de que pudiera rechazar nada, cortó la llamada. De todos modos, tenía pensado pasarse por allí. Solo le haría falta guardar vendas y yodo además de la comida, no era nada que no hubiera hecho antes.

Y así fue como se apresuró para llegar a casa a cocinarle una sopa de verduras y croutons a su madre y mandarla a dormir. Con una mochila en la espalda, una cangurera delante con Noel tapado hasta las orejas y un paraguas en la mano, Rox salió de su casa y comenzó a caminar rápido hacia el apartamento de Ike. Gracias al cielo, quedaba a apenas cuatro cuadras. Los últimos metros hasta el edificio los tuvo que hacer corriendo, un trueno había sonado fuertísimo y Noel había empezado a llorar. Una vez a salvo de la tormenta que acababa de desatarse, cerró el paraguas y sacó a su hijo de la cangurera para mecerlo y tararearle una canción así se calmaba. A ninguno de los dos les fascinaba cuando llovía así de fuerte. Por precaución, subió por las escaleras. No fuera a ser que se les trabara el ascensor a mitad del camino. En Whitechapel no sería nada fuera de lo común que eso pasara. Cansada y despeinada, llegó y tocó la puerta con la mano en la que llevaba el paraguas cerrado. Suspiró y esperó a que le abriera. Mientras tanto, se prepararía para no escandalizarse al ver a Isaac. Nunca sabía qué tan lastimado podía llegar a aparecer.

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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Isaac R. Windsor el Miér Feb 26, 2014 3:13 am

Maldito hijo de la gran puta. Aquello era lo único que podía pensar Isaac mientras se sujetaba el paquete de hielos contra la cara. Sí, la cara entera. El chico estaba hecho un cristo. Si alguna vez había pensado que lo de meterse en peleas callejeras era peligroso, se había olvidado por completo de esa idea. Era mucho peor ser agente de la policía. Muchísimo peor. Especialmente porque se suponía que era algo de rutina. Un ratero cualquiera se había dispuesto a robar un supermercado, le habían atrapado y a Isaac, junto a su compañero, le había tocado ir a detenerle. No había sido nada extraño, de no ser porque el muchacho había decidido que era mejor resistirse ante la ley.
Un codazo, dos puñetazos y una patada después, Isaac había conseguido reducir al criminal y meterle en la parte trasera del coche de policía. Aquellos asientos tan incómodos le parecían una buena medida de seguridad contra él. Pero no todo había salido como en el manual, qué va. ¿Su nariz? Reventada. ¿Su mejilla? Hinchándose y no parecía bajar la inflamación. De esa guisa se apareció el novato en comisaría, y de esa guisa salió, con las risas de sus compañeros de fondo.

Cuando por fin llegó a su casa, lo único que quería hacer era encender la televisión y ver algo de baloncesto, pero el hambre llamaba a su puerta. Por algún motivo, Isaac no podía coordinarse bien. Se dio dos veces contra los armaritos de la cocina y una con la puerta del microondas. La sangre volvió a brotar de su nariz y de la propia gracia que le hizo, estampó tres platos y un vaso contra el suelo. Se estaba acordando de toda la familia del tipo aquel.
Resignado como el que más, decidió rendirse. Allí tirado en el sofá, con los hielos en la cara, llamó a Rox. Su única salida fiable era aquella. A  no ser que quisiera intoxicarse, que entonces podría llamar a la pizzería de al lado de su casa.

Hola, Roxa... —ni siquiera le dejó terminar de hablar. Soltó un bufido de fastidio al oír la pregunta al otro lado de la línea telefónica. —¡Pues claro que estoy bien!

Su protesta no pareció cuajar del todo y aunque la conversación cambió poco de ritmo, no pudo evitar que la chica se presentase en su casa. Ni siquiera se molestó en hacerla caso y colocar las cosas, de hecho, los platos rotos seguían en el suelo de su cocina.
Antes de que ni siquiera pudiera arrepentirse de no mover ni un músculo, sonó el timbre de su casa. Isaac tiró la bolsa de hielo al fregadero antes de abrir, tratando de parecer que no se moría de dolor cada vez que gesticulaba.

¿Ves? Estoy bien. —comentó a modo de saludo. Se hizo un lado y dejó pasar a la mujer al interior de su casa, cerrando de un portazo tras ella. —Tengo... Albóndigas en lata, pasta, algo de lechuga y creo que hay pollo en el congelador. ¿Qué quieres meter al microondas?

Aquella era toda su oferta de cena, sin duda digna de cualquier gourmet que se preciase. A pesar de sus buenas intenciones, entendía que el criajo no podía comer lo mismo que ellos dos. Se rascó la nuca mientras miraba a la pareja.

Creo que hace dos semanas compré leche. ¿Él toma de eso?

Gran padre iba a ser en un futuro, que ni siquiera sabía alimentar a un crío. Bueno, tampoco tendría que ser tan difícil, ¿verdad? Igual si le pasaba por la trituradora las albóndigas, podría servir de papilla para el chaval. Sí, tenía que crecer sano y fuerte, definitivamente las albóndigas enlatadas le servirían de nutrición.
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Roxanne F. Bouchard el Miér Feb 26, 2014 6:08 am

Lo único que quería era que le abriera la puerta pronto. Primero, porque estaba por morirse de dolor de espalda y cansancio. Que estuviera acostumbrada a cargar mil cosas no significaba que le fuera fácil. Y segundo, porque necesitaba —sí, era una necesidad— ver cómo estaba. Por más que quisiera, no podía creerle que no le pasaba nada. Los «nada» de Ike se asemejaban mucho a los «estoy al borde de la muerte» de otras personas. Cuando por fin le abrió la puerta, ¡señor! Si lo que llevaba en las manos no hubiera sido su hijo, habría tirado todo al suelo para taparse la boca con las manos. ¿Qué estaba bien? Bien para hacerse un lugarcito en la carnicería.

Veo, veo... ¡que luces terrible!—soltó, metiéndose en la casa y olvidándose por completo de aquello de no escandalizarse. ¿Cómo no iba a hacerlo? — ¿Me puedes explicar qué te pasó? —Sí, eso podía parecer un pregunta pero era claramente una orden. Se lo estaba exigiendo y esperaba que no le pusiera ninguna traba porque, quisiera o no, tendría que contarle.

Dejó a Noel en un sofá mientras se sacaba la cangurera, dejaba el paraguas al lado de la puerta y la mochila junto a su hijo. Ah, y el abrigo en el respaldo de una silla. Volvió a mirar a Isaac y no pudo evitar esbozar una mueca de impresión. No podía entender cómo alguien podía terminar así. Sebastian también era policía y nunca había vuelto a casa con la cara así. Aunque tampoco había vuelto, dicho sea de paso. —Siéntate ahí a ver si puedo hacer algo con eso—le pidió señalando lo que en algún momento debía haber sido su cara. Estaba demasiado lastimado, no le gustaba verlo así. No entendía cómo a alguna gente podía gustarle ese trabajo. A ella le parecía horrible. Los policías decentes se podían contar con los dedos de una mano, las cosas no eran como las mostraban en las películas. Y, lo que era peor, los pocos como la gente, esos como Ike, se las veían negras más seguido de lo que deberían. O quizá fuera solo él el que terminaba de ese modo, nadie lo mandaba a ser tan temerario. Aunque suponía que no tenía derecho a criticar las profesiones de otros. Más bajo que ella no se podía caer.

Le dirigió una mirada incrédula cuando empezó a enumerarle la comida que tenía. No le extrañaba que lo dejaran así en una pelea si ni siquiera era capaz de alimentarse bien. Tendría que empezar a mandarle viandas si no quería que se muriera por intoxicación o desnutrición. Ese hombre solo en la cocina era un peligro. Por suerte la tenía a ella de vez en cuando.

No te preocupes, pasé por el supermercado—contestó como si realmente hubiera sido una opción cocinar cualquiera de las cosas que le había ofrecido. Como si estuviera en casa, empezó a sacar las bolsas de su mochila y las fue dejando en la mesada. No era mucho pero bastaría para alimentarlos a los tres. Con un poco de suerte, le quedarían sobras para seguir comiendo más o menos bien. — ¿Te gusta la tarta de jamón y queso?—le preguntó acercándose a la cocina. Esperaba que le gustara porque era eso o compartir las salchichas con Noel.

Perfecto, había una bolsa de hielo tirada en el fregadero. Sí que era bueno para esconder la evidencia. Roxanne la levantó y se dio vuelta para enseñársela. —Como nuevo, ¿eh? —No le gustaba ser sarcástica pero tampoco le gustara que minimizara su dolor. Se dirigió hacia donde estaba él, parado como si nada le hubiera pasado, y apoyó con cuidado la bolsa en su mejilla. Por más que quisiera, no podía ocultar la expresión de preocupación. Se suponía que era él el que la cuidaba a ella y, últimamente, parecía que fuera al revés.

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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Isaac R. Windsor el Jue Feb 27, 2014 2:40 am

Su mano seguía aferrándose a su nuca, como si con aquel gesto además de parecer un perro abandonado, le hiciera darse algo de veracidad. Soltó un suspiro de aire contenido mientras veía cómo la rubia hacía y deshacía como si aquella fuera su casa en vez de la de Isaac. Resignado, le hizo caso y tras mucho plantearse dónde era ahí, decidió poner al crío en su regazo y sentarse en su lugar.

 —Si digo que me caí, ¿te lo crees? —preguntó jugando con las manos del niño.

En realidad no estaba mintiendo. Se había caído al suelo, sí, ¿impulsado por otro tipo? También. No era mentir, era contar la verdad a medias, y a lo largo de toda su vida, Isaac había aprendido a hacerlo de una manera prodigiosa.
Recolocó la ropa al niño, no quería que se pusiera enfermo. Si ya era malo tener a Rox de cuidadora cuando tenía alguna que otra herida, no necesitaba saber cómo iban a ser los cuidados de la madre con el bebé. Pobrecito, la que le esperaba.

Mami nos va a hacer una comidita muy rica porque la que le ofrece Ike no le gusta, ¿a que sí? —empezó a hacerle monerías al niño, hablándole como si además de pequeño fuera retrasado. —Aaaay, que mi comida no es buena para mami, aaay. Sí, claro que no es buena...

Estaba esperando que la chica lo escuchase, porque a él las albóndigas de verdad le parecían una excelente opción. De hecho, si quería cocinar sano, podrían utilizar la lechuga para hacerse una ensalada. Asintió ante la pregunta. Temía que si no le gustaba, le fuera a dar igual, así que simplemente había que ponerle las cosas fáciles. En el fondo Isaac se lo agradecía, era un detallazo que viniera a cuidar de aquel estúpido hombre teniendo otras cosas mucho más importantes que hacer.
A lo largo de su vida, su madre le había preparado cientos y cientos de comidas, y tenía que reconocer que desde hacía un tiempo, cuando había abandonado su casa, no era nada lo mismo. Sí, de vez en cuando iba a visitarla  y lograba escabullirse con unos cuantos tuppers de comida casera, pero fuera de aquello, se alimentaba peor que alguien viviendo en la calle.

Levantó la vista, observando a la rubia con su bolsa de hielo. Bueno, no se había esforzado demasiado en ocultar las pruebas del crimen. Se encogió de hombros, tratando de restarle importancia.

Son para... —miró por la casa, buscando una salida. —Para prepararte un cocktail, así cenamos más... Uh, eh... ¿Elegante?

No, Isaac, no había funcionado. Antes si quiera de que ella dijera algo, él lo sabía. Últimamente sus excusas se habían empobrecido de una manera bestial. Cualquier día empezaría a echarle las culpas al hijo de la muchacha como si se tratase de su hermano pequeño.

Tuvimos un arresto algo violento. No es nada. El muy hijo de la gran puta me partió la nariz y poco más. Algún día se irá, tranquila.

Y no era nada, en un par de semanas aquello se la pasaría. Un mes como mucho con los moratones y listo. Aunque tenía que reconocer que si bien la preocupación de Roxanne le alteraba, en cierto modo también le gustaba. No sabía por qué, pero le sentaba bien saber que le importaba a alguien. Que si algún día una de sus peleas callejeras salía más mal que bien, alguien le lloraría. ¿Egoísta? Quizá. No podía evitarlo, y en el fondo, siendo más egoísta aún, tampoco quería hacerlo.
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Roxanne F. Bouchard el Jue Feb 27, 2014 11:54 am

Estando de espalda, era más fácil no hacerle caso a las tonterías que decía. Se limitó a negar con la cabeza mientras seguía sacando las cosas de las bolsas del supermercado. Las salchichas, el jamón, la crema y el queso a la heladera, las papas al fregadero, los huevos a la mesada y la masa a una tartera. La tartera, al horno. ¿Y Isaac? Jugando con Noel, tranquilito. Hubiera seguido en lo suyo pero no pudo resistirse a voltear y, por primera vez desde que había llegado, esbozó una sonrisa. Si en vez de salir a pelearse con criminales se quedara así siempre, todo sería más fácil. No volvería lastimado ni ella viviría preocupada por su salud. Que hasta ahora tuviera "suerte" no quería decir que fuera a ser así siempre. Debería tener más cuidado.

No, no te creo—respondió apoyando ambas manos en su cintura. Rox terminó por suspirar—. Te doy veinte minutos para que me cuentes, ¿está bien? —Era la única solución que se le ocurría de momento. Así le daba tiempo para prepararse psicológicamente o lo que necesitara para poder cantar de una vez por todas.

Por suerte, no tuvo que esperar esos veinte minutos para que Isaac le contara lo que había pasado realmente. Quizá hubiera bastado con reírse al verlo hablarle así al niño para que decidiera hablar. Sus excusas, aunque cada vez más tontas, la divertían y cada vez se le hacía más difícil esconder las sonrisas que le sacaban. Como le pasaba con Noel cuando se portaba mal, era suficiente con un simple gesto para que se olvidara de todo.

Mientras le explicaba lo que había pasado, la seriedad volvió a hacerse notar. Sin apartar la bolsa de la cara de Isaac, Roxie se mordió el labio fuerte para no interrumpir. Sin embargo, su ceño fruncido hablaba por sí mismo. —No me puedo quedar tranquila—se quejó ni bien terminó de explicarle—. Hoy terminas con la cara a la miseria pero, ¿mañana? No puedes ser tan, tan... ¡inconsciente! —De vuelta, hacía algo que no le gustaba hacer en absoluto: reprochar. Pero que no le quedaba más opción, no le quedaba más opción. Ella no le había pedido que la ayudara —aunque en cierto modo, sí lo había hecho—, pero ahora que se había metido en su vida, no quería que se fuera así sin más. Y con ese trabajo que tenía era bastante difícil quedarse tranquila por su seguridad.

Sostén esto un segundo—le pidió llevándole una mano hacia la bolsa con hielo.

La rubia volvió a darse vuelta y puso manos a la obra con la cena. No era nada demasiado trabajoso pero una tarta era mucho para dos personas, así que sobraría y eso era lo que esperaba. Era como si desde que había nacido Noel, aplicara su instinto maternal a toda persona que se encontrara a un kilómetro a la redonda. Quisiera o no, no podía evitar volverse loca al pensar en lo mal que comía Isaac. No sabía en qué momento cuidarlo y alimentarlo se había convertido en una necesidad, pero lo era. Había cosas de ella que no podía cambiar y una de esas era la firme creencia en que todo lo que venía, tenía que volver. Ike la cuidaba y ella lo sabía, así que no podía quedarse de brazos cruzados cuando él volvía con la cara así. Roxanne no era una damisela en apuros ni tenía la intención de serlo. Si alguien la rescataba, pues ella también lo rescataría cuando se dieran las circunstancias.

Por un momento, pensó en decirle que no le gustaba que se metiera en líos. Al final resultó más fácil poner las salchichas a hervir y quedarse callada.

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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Isaac R. Windsor el Dom Mar 09, 2014 4:55 am

Probablemente si Noel siguiera en brazos de Isaac mucho tiempo más, sus próximas palabras serían “hijo de la gran puta”. El moreno sabía que aquello no estaba bien, pero aún así le era bastante difícil controlarse. Bastante tenía con no soltar palabras feas cada dos frases. Era un verdadero héroe, se estaba controlando a las mil maravillas.
Lo que no entendía era cómo Rox no se lo quitaba de los brazos, alegando que iba a meterle al demonio de las palabrotas dentro o cualquier otra cosa de ese estilo. Bueno, tenía una bolsa de hielo en mitad de la cara, igual aquel era su castigo. Porque sí, se negaba a reconocer que el frío le calmaba algo, más aún delante de ella. Isaac tenía en su cabeza todo aquello de que los hombres tenían que ser fuertes y cuidar de las mujeres, y no al revés. Sabía de sobra que la rubia podía desenvolverse de mil y una maneras diferentes sin su ayuda, pero aquello le hería todo el orgullo masculino de su cuerpo.

Te tienes que quedar tranquila. —enfatizó mientras sostenía la bolsa de hielo. —Es mi trabajo, si me matan, al menos lo harán por una buena causa.

Las últimas palabras las había meditado muchísimas veces. No sabía exactamente qué era una buena causa. Una vez había oído que los psicópatas, sociópatas y asesinos, eran los protagonistas buenos de su propio cuento. A veces se sentía de ese modo, arrestando a gente que lo único que quería era algo de dinero para llegar a fin de mes, o una barra de pan con la que alimentar a sus hijos. Cualquier tontería así.
En esas ocasiones, Isaac era el malo de la película, el que todo el mundo quería que perdiera y que si acababa ganando el espectador saldría del cine con mala cara. También se sentía un poco mal porque no le importaba demasiado. Le pagaban lo suficiente como para mantener algo decente sin necesidad de partirse la cara ilegalmente más de tres veces al mes, ¿no? Pues entonces, no le importaba ser el villano de la historia. Muchas más vueltas se había prometido que no le iba a dar.

En cuanto que escuchó el ruido de la cocina puesta en marcha, se levantó con el crío en brazos y tiró la bolsa de hielo por la ventana.

Le diremos a mami que estábamos jugando, ¿vale?

Como si el niño le fuera a delatar en cualquier momento, Isaac se apartó de la ventana, dirigiéndose hacia donde estaba Roxanne. Se apoyó en el marco de la puerta, meneando al crío a ver si se dormía. No tenía idea de cuáles eran sus horarios, pero se sentía algo más útil tratando de fingir que sí los sabía.

He estado pensando... —empezó a darle golpecitos suaves en la espalda de Noel. —Igual un día podías dejar al criajo por ahí, no sé, con tu madre, e irnos de cena los dos solos.

Muy bien, Isaac, una invitación formal a algo que no fuera un Burger King.  Aquello era fantástico. La bombillita se le iluminó más aún. Alzó las cejas y con cuidado de no morirse de dolor, sonrió de medio lado.

Podrías ver cómo le parto la cara a un tipo en directo y luego nos vamos de cena, ¿qué me dices? Suena a un gran plan. —sugirió entusiasmado.

Debería de decirle que no se pusiera demasiado arreglada, que luego las manchas de sangre eran difíciles de quitar de los vestidos. Todo eso en caso de que aceptase, porque iba a aceptar, claro estaba. Isaac no tenía otra idea en su mente que fuera una mejor cita que aquella.
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Roxanne F. Bouchard el Dom Mar 09, 2014 11:05 am

Intentaba concentrarse en cocinar y no desesperar mientras lo escuchaba. Sacó la tartera con la masa del horno y todo fue a para allí adentro. Bueno, no todo. Las salchichas y el puré eran para Noel porque todavía no le gustaban mucho las tartas. Suponía que era la masa lo que le disgustaba porque queso y jamón solos sí comía. Era bueno que Isaac no fuera un niño también. Aunque a veces actuara como uno, no la sometía a cumplir sus caprichos y eso era un alivio. Que Ike fuera su amigo era un alivio. Saber que estaba allí era un alivio. Pero saber que quizá no fuera para siempre... eso era cualquier cosa menos aceptable. Volteó a verlo, escandalizada con su respuesta. Morirse no estaba dentro de las posibilidades. Fuera como fuera, él tenía que quedarse de pie, sano y salvo. Sin importar qué, Isaac no se podía morir.

¿Cómo se supone que me quede tranquila si apareces así día por medio? —Roxanne  no lo entendía, no le entraba en la cabeza que pudiera ser tan obstinado. No hacía falta que se pegara con cuanto idiota se le cruzara, eso no lo hacía mejor o peor policía. Era bueno y con eso debería bastarle. Pero parecía que aquello que estaba tan claro para ella, para él no significaba nada. —No me importa si es por una buena causa. No necesito un héroe, necesito un amigo.

Si quería sinceridad, ahí la tenía. No sabía cuándo había sucedido, pero sí sabía que Isaac era su apoyo más grande en ese momento. A Roxanne no le importaba cómo había conseguido darle un poco de esperanzas sin siquiera decirle que estaba seguro de que Sebastian iba a volver, le importaba que lo hubiera hecho. No iba a negar que seguía llorando porque la habían dejado. Tampoco iba a negar que extrañaba a su marido porque lo seguía queriendo. Y, aunque quisiera, no podría negar que se odiaba por venderse por unas cuántas libras. Todo eso era cierto, irremediablemente cierto. Pero a veces importaba un poco menos porque Ike estaba cerca para cuidarla. Así que no, no quería que se muriera, no quería que lo lastimaran y no iba a dejar que nada malo le pasara.

Mientras metía la tarta al horno de vuelta, vio como Ike se apoyaba en el marco de la puerta con el niño en brazos. Dentro de poco estaría lista junto con las salchichas y el puré de papas de su hijo. Estiró los brazos para que le pasara a Noel. No tenía que dormirse todavía, que si lo hacía habría preparado esa comida para nada. Ni bien lo escuchó soltar aquel «he estado pensando», toda su atención se centró en él. Ese titubeo casi imperceptible le había llamado la atención. Todos sabían que le gustaba fijarse en las cosas pequeñas, esas en las que nadie se fijaba.

La invitación la tomó completamente por sorpresa. Nunca habían ido a cenar los dos a algún lado. Sí, miles de veces habían cenado juntos pero en su casa o en la de él y siempre cocinaba ella. —Mamá no tiene paciencia, pero a Hazel no le molestaría cuidarlo. —Esa fue la única manera de aceptar que se le ocurrió. No iba a soltar un «¡me encantaría!» cual quinceañera entusiasmada. Hacía rato que no actuaba de ese modo. Roxanne puso los ojos en blanco pero, aunque le dieran ganas de tirarle el repasador por la cabeza, se rió. —Claro y si te parten la cara a ti, podemos cenar en el hospital—sugirió.

Era... raro. ¿Tendría que arreglarse y actuar más como señorita y menos como mamá? No tenía idea. No sabía si la llevaría a comer pizzas o a un restaurante. Quizá se encontraran directamente en el lugar pero también podría pasar a buscarla por su casa. Y dependía mucho de esas cosas. Hasta que no supiera nada de eso, no sabría si era o no una cita.  
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Isaac R. Windsor el Jue Mar 13, 2014 2:21 am

Más que un crío, Isaac sentía que tenía un saco de patatas entre manos. Era igual: No lo podía dejar de caer y pesaba más o menos lo mismo. A excepción de que Noel hacía ruiditos graciosos y no tan graciosos, como llorar, por ejemplo.
Cuando su madre recuperó al niño de entre sus brazos, el alivio fue patente. Que se ocupara otro del bebecito, ya no tan bebé, era gratificante. Isaac se cruzó de brazos, satisfecho de todo el trabajo que había hecho intentando dormirle. Aunque no fuera lo que hiciera falta, claro.

 —Es mi trabajo, Rox. —replicó nuevamente.

En realidad su trabajo se suponía que era algo como “defender el cumplimiento de las leyes” pero con la placa también venían otras cosas además de eso. Partirse la cara por la justicia era una de ellas, y aunque le agradaba bastante jugar en el equipo de baloncesto de la comisaría, si hubiera sabido que se iba a llevar más golpes que tantos marcaba, probablemente se lo hubiera planteado dos veces.
Le encantaba la adrenalina surcando su torrente sanguíneo cada vez que lanzaba un puñetazo a la cara de alguien, pero por desgracia aquello no lo podía hacer si llevaba el uniforme puesto.

Si no fuera porque era posible que al sacar algo de la nevera prendiera fuego a la casa, Isaac haría algo decente por la cena. Se apretó la nuca cuando su amable petición fue rechazada. Él solo quería que la chica tuviera un descanso, algo como una noche fuera, sin niños, sin cosas y sin nada. Se separó del marco de la puerta y echó a andar por la extensión de su cocina, como si fuera un animal enjaulado.

 —Yo qué sé, Rox, no me van a partir la cara. —respondió mientras alcanzaba los vasos de lo más alto de la alacena. —Aunque, bueno, si te hace especial ilusión cenar rodeados de cables, me dejo knockear gratuitamente. No es que me haga especial ilusión, pero...

¿Pero qué, Isaac, qué? Se quedó con la frase a medio hacer, buscando en su cabeza alguna manera de continuarla. Algo como “pero preferiría estar consciente si vamos a cenar juntos” o cualquier cosa de ese estilo.
Sin embargo, al policía no se le daban bien aquella clase de cosas. Ike simplemente soltaba lo que quería decir sin pensarlo un par de veces y luego, con mucho cuidado, trataba de arreglar lo que había salido disparado por su boca. La mayoría de ocasiones lo arreglaba a golpes, dicho sea de paso, aunque esperaba que no tuviera que secuestrar a Roxanne para llevársela a cenar, porque entonces sería una verdadera desilusión.

 —Pero vamos, que si no quieres, déjalo. —musitó mientras hacía malabares con uno de los vasos.  —¿Qué quieres de beber?

Si le pedía cualquier cosa sofisticada, Isaac podría recurrir al supermercado de la esquina. No era como si la mujer fuera a robarle todo lo que tenía. Más que nada porque de ser el caso era probable que él se lo regalase en vez de llevárselo sin pedir permiso. Tragó saliva y casi se le partió el vaso contra el suelo, así que decidió dejarlo a un lado donde no corriera peligro. Volvió a llevarse la mano al cuello, enfocando la pata de una de las mesas. Se sentía un poco estúpido por no saber qué hacer. Le hubiera gustado más que hubiera aceptado la invitación.

 —¿Queda mucho para cenar?

El hambre se le había pasado y no era como si su dolorida cara estuviera deseando de terminar con los cuidados de la muchacha. Pero ahí estaba todo el asunto, Isaac había sido rechazado por su propia cabeza, porque ella incluso había dicho que ya tenía con quien dejar al niño y él lo había tomado como todo lo contrario. Isaac podía ser un lince para muchas cosas, pero lo que venía siendo relaciones personales más allá de un polvo de una noche de verano, no era como si lo controlase demasiado. Especialmente si una de las partes implicadas era Roxanne, y la otra, Ike.
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Roxanne F. Bouchard el Jue Mar 13, 2014 6:45 pm

Era su trabajo, era su trabajo. Ya sabía que era su trabajo pero eso no significaba que fuera a gustarle. No podía gustarle, no podía estar tranquila sabiendo que en cualquier momento podía ser golpeado o baleado o apuñalado. Simplemente no podía. Ya lo había vivido con Sebastian y lo había detestado. No quería que se repitiera. Él no se daba cuenta de lo horrible que era vivir con ese miedo, con esa incertidumbre. ¿Y si algún día también él desaparecía? ¿Qué se suponía que hiciera si eso sucedía? Se había acostumbrado demasiado a la presencia de Isaac como para que eso le pasara ahora. Quisiera o no, pocas veces se sentía tan segura como cuando lo tenía cerca. Y no era por la placa ni el uniforme, era porque sabía que, por más impulsivo que fuera, siempre estaría para atajarla cuando se cayera. La rubia se limitó a negar con la cabeza. ¿De qué servía seguir con aquella discusión? Ni él dejaría de ponerse en riesgo ni ella estaría de acuerdo con que lo hiciera.

Como lo único que le quedaba por hacer era esperar a que la tarta se cocinara, fue a sentarse junto a la mesa y a hacerle caritas a Noel. — ¿Tienes hambre? ¡Sí, mami! Tengo hambre—le decía con esa voz que usaba solo para hablarle a él y le revolvía el cabello, tan rubio como el suyo propio. Todavía no sabía si se parecía a ella o a su marido, ex-marido o lo que fuera. Tenía los ojos de él y el pelo de ella, la nariz pequeña y los labios no muy gruesos. Suponía que era una mezcla. Una mezcla regordeta y adorable.

Se rió cuando Ike dijo eso de que podía dejarse noquear. Sí, seguramente era lo que ella tenía ganas de ver. Al mirarlo, le entró una duda. ¿Estaba nervioso o le parecía a ella? Fuera como fuera, era divertido verlo así. La forma en que se pasaba la mano por la nuca y paseaba por la cocina le gustaba. La gente demasiado segura siempre le había parecido algo irreal, lejana y, aunque él parecía serlo en la mayoría de los casos, estaba demostrando que tenía inseguridades como cualquier otra persona. Era tan humano como ella y eso hacía que se sintiera aún más cómoda cerca de él. Y todo eso estaría muy bien si Isaac no hubiera pensado que Rox le había dicho que no. ¿Que qué? Trató de pensar en qué había dicho para que él creyera aquello y se vio incapaz de recordar nada. Le hubiera gustado decirle que sí había aceptado pero no le dio tiempo. Roxanne se paró y dejó al niño sentado en la misma silla mientras ella buscaba los platos y cubiertos.

No te dejé elegir el menú, así que lo que tú quieras. Eso sí, cuando vayamos a cenar, me toca—respondió. Y si ahí no estaba dejando el sí bien en claro, comenzaría a pensar que a las neuronas de Isaac les costaba un poco hacer sinapsis.

Un plato en la punta, otro a su derecha, las servilletas dobladas formando un triágulo, cuchillos, tenedores, vasos y listo. La mesa estaba puesta. Podía sonar tonto pero esa era una tarea que siempre le había gustado realizar. Negó con la cabeza cuando le preguntó si faltaba mucho. —No, no, siéntate. Y mira que se porte bien—le pidió y fue a sacar la tarta. Cuando abrió el horno, se sintió un poco orgullosa del resultado. Le había quedado bonita y esa no era una característica de las comidas que preparaba. Casi siempre le quedaban sabrosas pero, ¿prolijas? Eso casi nunca. Y decía «casi» porque cuando cocinaba para alguien más, alguien que no fuera su madre, le gustaba esmerarse. Con un paño, cogió la tartera y, ¡mierda! No sabía que había hecho pero se había quemado y no pudo evitar soltar un grito agudo. En un acto reflejo, tiró la tartera en la mesada mientras le salían lágrimas de los ojos. ¿Qué tan inútil podía ser? Se suponía que eso se le daba bien y, mírenla, ya estaba toda lastimada. Se apresuró a abrir una de las canillas y puso la mano bajo el surtidor, dejando que el agua fría corriera.
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Isaac R. Windsor el Lun Mar 17, 2014 3:13 am

La estupidez humana tomaba forma carnal en el cuerpo de Isaac. Eso era algo que la gente solía asumir al poco tiempo de conocerle. Sin embargo, pocos se quedaban para ver más allá de aquello, y una de esas pocas personas era Roxanne. Volvió a juguetear con el vaso a pesar de que sabía que aquello era mala idea, pero no era su culpa, era como una especie de fuerza mayor que le impulsaba a hacer chorradas cada vez que tenía una ocasión disponible.
Finalmente tuvo algo que hacer, cosa de la que se alegró bastante. Dejó tranquilo el cristal a un lado, abriendo de golpe la puerta del frigorífico. Cabe decir que este se tambaleó un poco. Tantos años dando golpes y aún no aprendía a controlar su fuerza para ciertas cosas. Muy bien, un pin para Isaac.

 —Tengo...  —empezó a mirar dentro del aparato, como si así la Virgen María se le fuera a aparecer con un vino de alguna buena cosecha bajo el brazo.  —Tenemos cerveza, agua y creo que algo de leche.

Porque aquello tenía que ser leche. Sacó dos latas de cerveza para ponerlas en la mesa. Cada vez se planteaba más si de verdad había sido una mala idea que Rox le rechazase la cita. Es decir, con la gracia que tenía y la elegancia con la que decoraba una mesa, era probable que acabasen en un basurero. O bueno, el Burger King, que venía siendo lo mismo.
Se quedó a medio camino entre el refrigerador y la mesa. “Cuando vayamos a cenar” había dicho. Eso era un sí, ¿verdad? Es decir, tenía que serlo. Sonrió de medio lado y dentro de su pecho empezaron las explosiones y los fuegos artificiales. Casi se tuvo que recordar a sí mismo que no se trataba de un baile de graduación ni nada por el estilo, porque de verdad que tenía ganas de ponerse a dar saltos. A veces le pasaban aquellas cosas, se desilusionaba y luego la subida de alegría era mucho mayor.

Ya se había sentado, mirando tentadoramente a la irresistible tartita que estaba preparando la rubia cuando un grito irrumpió su calma. Miró al crío. No, él no había sido. Ahí la rapidez de pensamiento se le agudizó y llegó a la conclusión de que si el niño no gritó, y él tampoco, tendría que haber sido Roxanne. Frunció el ceño y la miró de nuevo, viendo cómo ponía la mano bajo el grifo. Se levantó con toda la calma que fue capaz de acumular en su cuerpo.

 —Luego me dices a mí.  —rezongó mientras volvía a abrir la nevera, aquella vez incluso más fuerte.

Buscó una cebolla y procurando no atravesar la tabla de madera, la partió en dos. De algo le tenía que servir cursos de primeros auxilios. Es decir, de algo útil. Peló el vegetal y tomó la mano de la chica, sin decir nada más. Echó un vistazo a la quemadura. No era tan grande como para irse a urgencias, o al menos eso esperaba, claro que a él le habían partido la nariz y tampoco había ido a urgencias.

 —Antiséptico e hidratante.

Aquello había sido casi más para recordase a sí mismo lo que estaba haciendo que para informar a la muchacha. Isaac presionó la mitad de la cebolla contra la quemadura. No tenía mucha idea de si aquello escocía, aliviaba o dejaba de aliviar, pero sabía que era bueno, y para una cosa que conocía no iba a aceptar nada en su contra. Sonrió sin dejar de mirar lo que estaba haciendo. Era probable que la cara de Roxanne no fuera lo más agradable en esos momentos, y no quería ponerse tan nervioso como para partir alguna silla.

 —De verdad, cenar conmigo no es tan malo. No tienes que suicidarte.   —bromeó alzando la mano para darle un beso.

Sabía a cebolla, realmente mal. Sus mandíbulas se apretaron y trató de no poner mucha cara de asco. Menudo médico de mierda que estaba hecho. Tampoco quería ir al hospital, demasiadas preguntas se haría la enfermera, y estaba completamente convencido de que a pesar de que ya le hubieran curado las heridas esa mañana, algún idiota del hospital le obligaría a curárselas de nuevo. Lo que menos le apetecería sería dejar a la rubia sola en mitad de una sala de urgencias, así que no, no pensaba moverse de su casa.
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

Mensaje por Roxanne F. Bouchard el Jue Mar 27, 2014 4:54 am

Parecía que la lluvia se había intensificado porque el ruido que hacían las gotas sobre el techo del departamento de Isaac era bastante fuerte. El sonido era bonito pero suponía que estar bajo esa lluvia torrencial no sería igual de bonito y agradecía estar adentro. Por más descuidado que estuviera todo, le gustaba pasar algo de tiempo allí. La oferta de bebidas no era la mejor pero, de haberle tocado a ella, habría hecho la misma elección. En realidad, prefería el vino pero la cerveza tenía algo bueno: le hacía acordar a los domingos de fútbol. No era que a ella le apasionara mucho el deporte pero, aunque se hubiera cansado de quejarse, siempre le había gustado que la casa se llenara de los compañeros de trabajo de Sebastian, ansiosos por cerveza, pizza y que su equipo ganara. Le había gustado pasearse por la casa llevándoles comida y riéndose de los chistes que le hacían a ella y a su marido. Ahora las cosas habían cambiado. Ya no tenía ni marido ni domingos de fútbol. Pero tenía un amigo al que le podía llevar comida, un amigo de cuyos chistes podía reírse. Y aquello comenzaba a parecerle mucho más familiar. Quizás, después de todo, estuviera acostumbrándose al cambio.

Inmediatamente después de gritar, se arrepintió de haberlo hecho. No quería que Ike corriera a ayudarla como si fuera una damisela en apuros. Todavía le quedaba un poco de orgullo y amor propio y detestaba parecer débil ante los ojos de los demás. Ni siquiera se sorprendió cuando lo vio acercarse. Estaba más que claro que, por más que le hubiera indicado que tenía que vigilar a Noel, iría a ver que le había pasado a sabiendas de que ella diría que no era nada. Cuando escuchó que le decía eso, no pudo evitar mirarlo mal. ¡Ella no había elegido quemarse con la maldita tartera! En cambio, él arriesgaba su vida por motus propio todos los días. Roxanne podía ser un poco torpe y descuidada, pero él era temerario y estúpido y, ante sus ojos, eso era peor. Sin sacar la mano de abajo del chorro de agua, miró atentamente el recorrido que hacía Isaac. ¿Por qué acababa de sacar una cebolla de la heladera? ¿Por qué la partía a la mitad y la pelaba? Y, más importante todavía, ¿por qué tomaba su mano y se la ponía sobre la quemadura?

Ah. —Eso explicaba muchísimo. Casi que no le había hecho falta que le explicara que la cebolla era un antiséptico e hidratante porque de inmediato pudo sentir algo de alivio. La quemadura seguía ardiendo, sí, pero ahora se sentía mucho más refrescada.

No sabía qué la sorprendía más; si que su amigo supiera algo así o que ella misma no lo supiera. Es decir, tenía un hijo, horas de búsquedas de cosas por el estilo en internet y años de práctica en remedios caseros. Fuera como fuera, le había gustado la sorpresa. Siempre le gustaban las sorpresas. Bueno, no siempre. Solo las buenas, no las del tipo "¡Sorpresa! Tu marido te abandonó". Las que le gustaban eran más como las que Isaac le estaba dando. Primero su mágico conocimiento sobre remedios para las quemaduras y luego, ese beso en la mano. Estaba convencida —o eso quería creer— de que el cosquilleo era producto de la curiosa mezcla entre el ardor y el efecto de la cebolla. Tenía que ser eso, ¿no? ¿Qué más podía ser? Nada, nada. Absolutamente nada más. Era de lo más normal sentir un cosquilleo tras quemarse con una tartera, aunque fuera en el estómago y no en la mano. Por suerte, no tuvo que pensar en eso mucho más tiempo. Era mucho más sencillo reírse de aquel chiste, por más malo que fuera.

Lo hubiera conseguido si no hubieras llegado tan rápido—dijo porque, ¿qué más daba fingir que nada dentro de ella se hubiera salido de lo común? —Te prometo que la tarta sabe mejor que eso—aseguró con una sonrisa asomándose en su rostro.

Le era más fácil sonreírle a él que a muchas personas. Pensaba en eso, sin moverse ni un milímetro, cuando escuchó una voz chillona gritar «¡mamá!». Y el encantamiento se rompió. Giró la cabeza y se encontró con Noel, que los miraba atentamente y reclamaba su atención. Claro, el niño siempre creería que el único que merecía estar tanto tiempo con Roxanne era él. —Creo que alguien tiene hambre. ¿La llevas?—le pidió señalando la tarta. Ella la quería bien lejos suyo, no tenía ganas de volver a quemarse. Con la mano sana, llevó las salchichas y el puré de su hijo y, al sentarse, se miró la otra. Estaba segura de que ampollas no le saldrían.
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Re: Stormy weather [Isaac R. Windsor]

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